Prensa

Adjunto algunas críticas sobre mi trabajo:

“La última noche de José Orozco, alias Blaster”, Hasta el 12 de mayo en la Sala Tribueñe

Blaster Hasta el 12 de mayo, todos los jueves a las 9 de la noche, el actor Mario Zorrilla interpreta en la Sala Tribueñe (Sancho Dávila, 31- Madrid) LA ÚLTIMA NOCHE DE JOSÉ OROZCO, ALIAS BLASTER, de Marco Llamas Iglesias.

Se trata de un monólogo en el que encontramos a José Orozco, marinero español y pirata, que está recluido en la cárcel de Madrid. Corre el año de 1673 y acaba de ser condenado a muerte por los tribunales del rey de España. Su barco, un navío corsario bajo pabellón inglés fue apresado por la armada española en las costas de Galicia. La acusación es doble: pirata y hereje. El tribunal de la Santa Inquisición le ha torturado para que abjure de la fe protestante que no profesa. En su última noche antes de ser ahorcado por actos de piratería contra la corona de España, reflexiona.

Este montaje, que anteriormente se pudo en la madrileña Sala Karpas, es de la “La Carmela”, una compañía de teatro formada recientemente por compañeros de trayectorias parecidas: Marco Llamas Iglesias, Mario Zorrilla y María Ruiz de la Prada. Entre sus objetivos –explican los responsables de la compañía- está hacer trabajos con textos clásicos. Obras en las que los actores defienden con la palabra el hecho dramático. Y a través de la palabra llegan las emociones y las imágenes. Un teatro muy clásico.

Mario Zorrilla hace una verdadera creación de este oscuro y a la vez entrañable personaje, dirigido artísticamente por el propio autor del texto: Marco Llamas Iglesias. Mario está, nos parece, en la edad que tiene su personaje; su físico, así como su voz bronca aunque con un punto de ternura en algunas escenas, hace muy creíble al personaje, lejos de dramatismos exagerados. Mario Zorrilla sabe contener la violencia que suponemos en un individuo duro, al que van a ajusticiar al amanecer, para poner sobre las tablas a un ser humano que, aunque situado en el siglo XVII, nos parece cercano, real, como tantos seres humanos que son traídos y llevados por los avatares de la vida sin que tengan en la mano el destino de su vida.

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Salvador Enríquez

 
 

La semana por delante TEATRO

Encarnación de la soledad

 

ROSANA TORRES 18/07/2010

Una vez más, nueva dramaturgia española. Con fuerza, hablándonos del aquí y ahora, de nuestro mundo de hoy. La mujer del sexo tatuado (Monólogo para un solitario) es un texto de Mariano Hossorno y Mario Zorrilla, a la vez protagonista de esta historia intensa, cruelmente hermosa, en la que también habitan poemas del recordado Javier Egea.

Juan espera desde hace 20 años a que Rosario, su mujer, salga de un psiquiátrico penitenciario en el que está recluida desde que esta matase con un cuchillo a varios amantes. Regresó de un viaje a Essaouira con un cuchillo tatuado en el vientre que, según una leyenda, cobra vida y mata cuando ella yace con hombres que no son su marido. La cosa no va de morbo ni de fenómenos paranormales. Es un drama de amor radical interpretado soberbiamente por Zorrilla y que la mano sabia de Luis Araújo (esta vez director, no dramaturgo) ha llenado de teatro y de motivos para acudir al Arenal de la calle Mayor a ver este testimonio de vida y muerte, convertido en una sobrecogedora apología de la soledad.

 
 

RAZÓN DE AMOR… – LA MUJER DEL SEXO TATUADO

 

El amor y la espera. La realidad abrazada a un irreal sueño que tiene lugar cada día. Una locura cuya única razón es amar y esperar siempre… A pesar de la soledad, a pesar de la ausencia, a pesar del silencio, a pesar de uno mismo…

Juan Fernández es un hombre solitario… No siempre fue así. Juan Fernández espera a que su mujer, Rosario, salga de un psiquiátrico penitenciario, tras estar recluida en él veinte años, al asesinar con un cuchillo a varios amantes.

Fue en un viaje a Essaouira, cuando a Rosario le tatuaron un cuchillo en su vientre. Según una misteriosa leyenda, ése arma sería el guardián fiel de la pareja, pues cobraría vida cuando ella yaciese con otros hombres que no fuesen su marido…

…Desde el fatal suceso, su marido aguarda su regreso… Un marido que una vez se embarcó en su busca para encontrar la sombra de la que antaño fuera su mujer, su diosa, su amor… Un marido que hoy nos relata los hechos junto al cadáver de un colega, al que habla, al que se abraza, al que culpa, en cierta forma, de una soledad más hiriente y más pesada… Un marido incapaz de defraudar el recuerdo de un amor… Un marido condenado a esperar siempre… Un día más, un sólo día…

Mario Zorrilla es Juan Fernández y lo es de un modo intenso, apasionado y vívido. En su narración se van intercalando diversos tiempos, diversas voces, diversos seres que han quedado en el alma de este hombre acabado quizá, desesperado tal vez, amarrado al más que improbable regreso de un amor eterno… Las palabras se van sucediendo entre trago y trago… entre el dolor de una realidad difusa…

En alguna parte he leído que “La mujer del sexo tatuado” no es una función de teatro, que es la realidad, la cruda realidad de un ser dolorido, de un amante que camina a la deriva en brazos del amor… A la deriva, amor… A la deriva…

Es cierto y no siempre se tiene la oportunidad de vivirlo de esa manera, de sentirlo de ese modo, de afirmarlo con contundencia.

Es preciso ser un gran actor para dotar a este difícil personaje de la entidad que requiere, Mario Zorrilla lo es y lo demuestra sobre el escenario. Es, verdaderamente, un placer verlo en la piel de Juan Fernández.

Luís Araújo, director de esta función, realiza de igual manera, una tarea más que encomiable, disponiendo el ritmo entre las pausas y las diferentes voces que a través del protagonista se hacen presentes.

 

LA MUJER DEL SEXO TATUADO.

Teatro Arenal.

Autores: Mario Zorrilla y Mariano Osorno; con poemas de Javier Egea.

Director: Luís Araújo.

Intérprete: Mariano Zorrilla.

 

 Sofía Basalo  Sofía Basalo  

 

MARIO ZORRILLA ES JUAN FERNÁNDEZ EN LA MUJER DEL SEXO TATUADO

(Una entrevista de Sofía Basalo)

La leyenda de la mujer en cuyo vientre se aloja un arma que aniquila a todo aquél que yace con ella (salvo a su marido) regresa a Madrid.   Lo hará el 20 de julio para permanecer durante cinco días en el Teatro Arenal. Hemos hablado con Mario Zorrilla, coautor del texto e intérprete de este monólogo intenso y pasional, que ha dirigido Luis Araújo y que durante dos meses pudimos no sólo ver, sino vivir, en el Teatro de las Aguas.

Mario Zorrilla es Juan Fernández, un hombre capaz de esperar a una mujer incondicionalmente, no es un sueño, es “La mujer del sexo tatuado”:

  • Es un hombre que renuncia a la felicidad de la sociedad en la que vivimos en aras del amor, porque prima más el amor y concretamente el amor por esta mujer… que cualquier otra oferta de la sociedad. Esta es la propuesta de esta función.

  • Hay lírica por parte nuestra, mía propia, que soy coautor de la obra y luego hay dos partes líricas de autores granadinos, uno se llama Javier Egea y el otro José María Heredia Maya que aportan tensión dramática a lo que es la estructura que hemos creado y también compromiso social, por decirlo así.

  • (…) este espectáculo ha estado dos meses, los fines de semana en el Teatro de Las Aguas, vamos a estar cinco días en el Teatro Arenal, del 20 al 24 de julio, a las siete y media de la tarde, tengo vendidas algunas funciones después del verano, en Cuenca, Logroño… y esto es lo que sé del periplo de la función; tengo también una invitación que la vamos a llevar a cabo, una invitación para El Festival Internacional de Quito (Ecuador)

Pregunta: ¿El amor puede enloquecer, tal vez lo hace el desamor…?

 

Mario Zorrilla: El amor enloquece. Una gran pasión puede enloquecer y puede transformar la vida de una persona, sí. Creo que fundamentalmente trastorna nuestras vidas para bien o para mal, el amor… Sin amor no se puede vivir.

 

Pregunta: ¿Juan Fernández, tu personaje en “La mujer del sexo tatuado” enloquece de amor?

 

Mario Zorrilla: Enloquece de amor, sí… Porque está enamoradísimo de una mujer que después de un suceso desgraciado, como es haber compartido una leyenda, simplemente. Esta leyenda se transforma desgraciadamente en una realidad luctuosa y esto provoca que el personaje de ella, de la que sabemos en la función a través de unas cartas que le escribió, que es el mayor tesoro de Juan Fernández, mi personaje, decidió que como ellos habían compartido esa circunstancia, ese extrañamiento con la leyenda, decidió esperarla, dedicar su vida a esperar a que saliera del psiquiátrico penitenciario donde está supuestamente ingresada, pagando la pena por haber asesinado a tres hombres, por haber creído una leyenda que cuenta, según la que, después de tatuar un cuchillo en su vientre, se convierte en el protector de la pareja, por decirlo así, con respecto a otros hombres… en el caso de que la mujer yaciera con otros hombres, el cuchillo cobraba vida y mataba a esos amantes… esta leyenda brutal que es una inspiración de un cuento venezolano, nos sirvió para armar esta función “la mujer del sexo tatuado” para describir la brutalidad de este amor tan descarnado y que ha llevado al personaje a una situación, a una existencia al límite de la cordura, por decirlo así. Es un personaje apasionante, precisamente por intentar no traspasar el umbral de la cordura, aunque obviamente ya la decisión es dura y desde luego no es común y no está de moda… esperar a alguien de cualquier manera, sin condiciones… incluso, sobre la felicidad de uno mismo… Es un hombre que renuncia a………..

 

 

 

 

sábado 3 de abril de 2010

La mujer del sexo tatuado ***

 

Autores: Mario Zorrilla y Mariano Hossorno.

Intérprete: Mario Zorrilla.
Dirección: Luis Araújo.
Teatro: Las Aguas. (2.2010)
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Siempre acudimos a ver un monólogo con desconfianza. Casi todo el mundo se atreve a comerse el escenario y exhibir su creída genialidad. No se asusten, porque La mujer del sexo tatuado es una función magnífica cuyo texto han escrito el propio actor, Mario Zorrilla, y Mariano Hossorno.
Es un cuento dramático, la historia sentimental del viejo marinero arrastrado y abandonado en el rincón de un malecón. Este vagabundo, con la botella de ginebra, va contando sus dolores, la tragedia que le sumió. Y descubrimos, de pronto, que en un bulto cubierto por una vieja manta, yacía el cadáver de un colega. Se arrastra, se arrodilla a su lado, camina torpemente sin alejarse del muelle, y va explicándole cómo incumplió su regreso junto a la mujer apasionada. Y le lee una vieja carta de amor que recibió, hacía muchos años, pidiéndole su regreso. Él terminó por cruzar el mar hacia el país donde la dejó. Encontró que su amada, destruida, vivió en la degeneración, hasta llegar al asesinato y su suicidio. Nos recordaba esta historia en la que se embarcó el amado marinero: “Él vino en un barco, de nombre extranjero, / lo encontré en el puerto un anochecer…”. Es la popular copla Tatuaje, que contiene varias coincidencias con este argumento, y aquí, con su sexo tatuado, debió caminar “de mostrador en mostrador” –citamos de nuevo aquella canción- hasta transformarse en un enloquecimiento. Este poético texto, durísimo –con algunos versos pertenecientes a Javier Egea y José María Heredia Mayo-, es interpretado por Mario Zorrilla con emoción, con voces entre lamentos y sollozos en tonos susurrados o lanzadas, sin piedad para estremecer al público. Un personaje difícil, lo hace formidablemente. La función la ha dirigido Luis Araújo, y entre los dos han logrado un ritmo entre pausas y cadencias, desde la expresión al naturalismo. Yo lo vi mucho después del estreno, y el público quedaba encogido para pasar a los intensos aplausos.
Enrique Centeno

 
 
 
 
 

La mujer del sexo tatuado (Monólogo para un solitario) De Mariano Hossorno y Mario Zorrilla

15/03/10 | por Redacción | Sección: Cultura y Ocio

 

 

La mujer del sexo tatuado

(Monólogo para un solitario)

 

De Mariano Hossorno y Mario Zorrilla

Con poemas de Javier Egea

Un hombre vive a la espera de que su mujer, Rosario, salga de un psiquiátrico penitenciario veinte años después de que ésta matase con un cuchillo a varios amantes.

En el pasado y tras un viaje de la pareja a Essaouira, Rosario regresó con un cuchillo tatuado en el vientre que según una leyenda cobra vida y mata cuando ella yace con hombres que no son su marido.

Ahora, en esta tensa espera el marido se encona en su soledad y abiertamente se autodestruye.

El resultado nos sitúa frente a una tragedia de amor donde ambos personajes tensan la cuerda de la cordura hasta que ya no pueden más y reclusión, pasado y pasión conforman un trinomio que los mantiene en mundos paralelos

“La mujer del sexo tatuado” es un entretejido que se articula en torno a las cartas que Rosario envía desde el psiquiátrico y que en manos del marido, que no se separa de ellas, nos sitúan ante un paisaje desolador: la autodestrucción y la espera.

El hilo desestructurado del texto y los giros en el uso de la palabra son fundamentos expresivos que materializan los distintos espacios mentales y que proponen un drama de amor radical a contrapié de los tiempos que corren.

Un testimonio de vida y muerte, intenso, sofocante y abismal que escupe desde todas las orillas,

con violencia y sangre la verdad de un hombre, el triunfo de la pasión y la caída al pozo de la redención masculina

NOTA DEL DIRECTOR

Hace muchos años que conozco a Mario Zorrilla. Es uno de esos actores cuya voz y cuya presencia imponen tal aplomo en escena que tiene ganado la mitad del territorio nada más empezar. Por eso me gustó de antemano que me llamara para dirigirle este proyecto. El borrador que me mandaba tenía tal fuerza literaria, tan poderosas imágenes, tal lucidez crítica y planteaba un personaje tan reconocible, tan cercano y, a la vez, tan duro de asumir que me embarqué de inmediato en el asunto atrapado en el reto.

Llevo mucho tiempo defendiendo una dramaturgia viva, investigadora, osada, capaz de hablar al espectador en los códigos múltiples de la comunicación contemporánea. Y no me refiero a los efectos multimedia. Me refiero a la construcción arriesgada que mezcla géneros, hibrida textos de diferentes procedencias (poemas, cartas, narraciones) con las réplicas dramáticas, alterna niveles de lenguaje y fluye entre códigos a través de la interpretación unificadora del personaje que las encarna. Este es el caso del monólogo que Mario ha trenzado.

Le agradezco enormemente el haberme permitido participar en su aventura, que al final se ha convertido en la mía. Espero que también sea la de ustedes.

Luis Araújo

NOTA DE AUTOR

Escribe Borges un  hermoso poema: Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca / Aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach. Tampoco Rosario López desfalleció en los brazos de Juan Fernández. Al menos no como ella quería: para siempre. Desfallecer en tus brazos y que la luz al encenderse nos abrase y ya no haya, para ninguno de los dos, otro día de mañana. Sólo el amor enloquece. Sólo por amor se pierde la razón y se alcanza ese instante en el que ni morir importa. Yo, que he sido por una vez Rosario López, lo se. Lo  aprendí amando como una loca a Juan Fernández. Pero es tan duro ese aprendizaje, va tan lento, que no hay un luego capaz de consolar de tan larga errancia. No se consuma el amor, se acaba. Y entonces, ¿cómo volver a la cordura? ¿Cómo volver a ser un cuerpo que lo ha perdido todo? En esto parece que anda Mario Zorrilla ahora que se ha vuelto Juan Fernández y nada más vive -¡Ay!, si pudiera- para ganarse el cuerpo abrazado de Rosario López. Su locura, porque nadie regresa indemne si ha partido, no es tanto haber perdido la memoria como no poder olvidar que lo esperan.

Mas, con todo, dulce. Dulce quebrarse la vida por un ratito -sólo un ratito, amor, contigo- y así no ver esa triste noche en que, de vuelta a casa con la única compañía del abrigo, decirte:

No me abandona. Siempre está a mi lado.

La sombra de haber sido un desdichado (jlb)

Mariano de Hossorno